DOÑA Nazaria Monclova RodrÍguez, Santiguadora Maunabeña

Las santiguadoras nos conectan con nuestra herencia curativa, sus habilidades y conocimientos ayudan a fomentar el desarrollo de la sanación.
Para conocer la trayectoria de esta humilde profesión, visité el hogar de la señora Nazaria Monclova Rodríguez, ubicado en el sector Batey Columbia del Municipio de Maunabo. Esta dama por más de 80 años se ha dedicado a ejercer el oficio del santigúo, ayudando así a muchas personas a resolver el problema de los males que no han podido ser aliviados por los medios convencionales.
Para iniciar la entrevista, formulamos una serie de preguntas relacionadas al tema que ocupa nuestra columna. Contestando algunas de estas interrogantes, Nazaria, comentó que los hospitales con todos los adelantos y los muchos requisitos que exige la ciencia médica han logrado que el gran número de santiguadoras que existían en la Isla haya disminuido grandemente. "No me cabe la menor duda de que en nuestros campos podemos encontrar personas dedicadas a esta labor, pero en la ciudad hay que buscarlas con una lupa, pues no las encontramos con la misma facilidad de antes". Continuó diciendo que las santiguadoras tradicionales son las que han aprendido e hicieron la práctica mediante la observación y la experiencia directa, esto no se aprende de libros ni hay que graduarse para desempeñar nuestra labor.
Desde muy joven doña Nazo como la conocen sus vecinos y amigos, comenzó a usar técnicas necesarias para brindar los primeros auxilios a los pacientes que llegan en busca de su ayuda. Todos la describen como una mujer dotada de un don maravilloso con muchos conocimientos y gran habilidad para componer dedos, brazos, rodillas y cualquier otro mal que afecte a niños y adultos.
Cuando son personas enfermas que viven lejos y sus familiares acuden a ella, inmediatamente los acompaña y llega hasta el lecho del enfermo para impartir el tratamiento correspondiente para la pronta recuperación de su paciente. Son muchas las personas que han pasado por sus manos, ya sea porque alguien la recomendó o conocen de sus aciertos y su poder curativo.
En ameno diálogo con este redactor, explicó todo el procedimiento a seguir al inicio del santigúo y conoce los factores que interfieren en este trabajo, por eso se prepara mentalmente poniendo su fe en Dios para el éxito del tratamiento.
Recibe la visita de muchos niños que llegan empachados y con dolor de estómago, para ellos tiene métodos especiales y recetarios diferentes al de los adultos. Tan pronto frota sus manos en la parte afectada, el niño deja de llorar y le ofrece una sonrisa indicando que su condición ha desaparecido. Cuando entiende que el caso no le corresponde, lo refiere al médico. Su vasta experiencia le ha permitido conocer todos los remedios que usaban nuestros abuelos. Sus manos se mueven con facilidad, cuando se deslizan a través de la parte afectada. Entre los medicamentos que usa está la manteca de ubre y de culebra, mezclada con el sumo de plantas aromáticas, aceites y fragancias olorosas. Esta sanadora del cuerpo y el alma, ha tratado pacientes infectados con el mal de la culebrilla y para eliminarla utiliza instrumentos de confección casera, aceites de usos terapéuticos, plantas medicinales mezcladas con diferentes medicamentos y oraciones especiales que ella conoce. Afirma que para el éxito de este procedimiento hay que tener mucha fe en Dios y estar bien segura de que la culebrilla o culebrón ya no existe y la enfermedad está completamente curada.
Nos comunicó que no vive de esto, no cobra por sus servicios ni tiene tarifas fijas como las tienen otras santiguadoras, "a veces la gente me traen gallinas, una que otra cosa, y si voluntariamente dejan algo en efectivo, lo uso para comprar velas y con su luz hago la oración, donde pido por la salud de la persona que fue atendida por mí," expresó con sinceridad Doña Nazaria.
Ella conoce el nombre y uso de todas las plantas medicinales que existen en suelo boricua. Para el dolor de estómago la hierba buena, hierba lumbre para los riñones y la vejiga, hojas de apio para el sueño, pasote para lombrices y anamú para la diabetes.
Conversar con Doña Nazo fue un placer inmenso, estaba frente a una persona que inspira confianza y deja conocer la dinámica de espíritu que la caracteriza, su vida está enmarcada en el deseo de servir al prójimo.
En su consultorio se levanta un altar con imágenes religiosas, talladas por diferentes artesanos, bellas flores y plantas olorosas, hacen de este lugar, uno acogedor. Esta ilustre santiguadora, maunabeña, estuvo casada con Alipio Ortiz, procreando siete hijos criados con parámetros de honestidad, muchos de ellos profesionales: Alicia, Carmen Iris, Julia, Magali, Legna, Luciano y Manuel.
Las santiguadoras nos han dejado valores hermosos que se han disminuido en esta sociedad moderna. Los que las conocen saben que son mujeres muy queridas y si han tenido la experiencia de tratarse con ellas, las recuerdan con cariño y reconocen que son fundamentales para ayudar a curar los males que afectan a nuestras familias.
Nazaria Monclova Rodróguez con su abnegación, sacrificios y servicios ofrecidos a la sociedad puertorriqueña nos ha permitido conservar la tradición del poder curativo. Tiene un sitial de honor en el recuerdo y en la memoria colectiva de su pueblo. ¡ Adelante, Nuestra Gente, la admira!